“Lo que nos toca a nosotros” by O.J. Prieto
Ayer por la noche, leyendo el libro del políticamente incorrecto e insigne Sir Charles Barkley “I may be wrong, but I doubt it”, prestado por un buen amigo, y escrito en un “trash talk” digno del mejor guetto de los states pude llegar a leer dos capítulos antes de caer rendido de sueño que me dieron bastante que pensar.
En uno de ellos Barkley critica a los jugadores que ante la pregunta de qué esperan a partir del éxito en el deporte responden que quieren mantenerse con los pies en el suelo y ser los mismos de siempre. El enfoque va por supuesto en la linea de los “nuevos ricos” de la NBA, pero qué ocurre si extrapolamos eso a un baloncesto más cercano y nos centramos en jugadores que hace tiempo que han triunfado o destacado en su juego. Barkley defiende que cada persona debe asumir su circunstancia, que es una falta de cordura tratar de mantener tu estatus cuando está claro que al triunfar en algo tienes acceso a cosas que no puedes tener de no triunfar. Y él defiende que lo que hay que hacer es aprovechar esos privilegios para ayudar a los demás.
Todos hemos visto a jugadores que han llegado a altas cotas profesionales, pero que han sido incapaces de pasar de allí y que incluso han bajado su juego (ejemplos como Fotsis en la ACB ó Kwame Brown en la NBA). ¿Dónde está el problema?, ¿Los jugadores no son capaces de asumir que cuanto mejores sean se les va a exigir una mayor intensidad en su juego?, ¿acaso tratan de justificar que al ser buenos les vale con jugar lo que saben cuando saben?. Las respuestas a esto son muchas y muy jugosas, pero me centraré en una.
El segundo capítulo me brindó esta teoría, en él, Sir Charles habla de su experiencia como rookie en los 76ers de Philadelphia. Él valora por encima de todo la suerte que tuvo de caer con Julius Erving como compañero. Relata como estuvo nervioso durante mucho tiempo pensando como llamaría al mejor jugador del la NBA por aquellos entonces, ¿Doc?, ¿Doctor J?, ¿Sir Erving?. En el primer entrenamiento Julius Erving se acercó a él directamente y tendiéndole la mano le dijo: “Hola, soy Julius”, Barkley respiró tranquilo al ver que ya sabía como llamarle, y lo siguiente que el doctor J le dijo fue lo siguiente “Aquí los jugadores de baloncesto somos cuidadores del juego, estamos aquí para hacer buen baloncesto y que este deporte crezca”.
Este era el enfoque que en los años 80 existía del baloncesto por parte del mejor jugador de la mejor liga del mundo. Él no era Dr J, ni Julius Erving, él era un jugador de baloncesto por encima de todo, y ásumía como una responsabilidad jugar bien. Para jugar bien entendía que lo mejor era que todos se sintieran bien (él se acercó al rookie, que años más tarde se convirtió en uno de los 50 mejores jugadores de la NBA de todos los tiempos).
¿Conclusión a partir de la lectura de ambos capítulos?, cada jugador debe asumir la responsabilidad de su juego, siempre para mejorar el de los demás, si un buen jugador es incapaz de mirar más allá de su circunstancia no jugará jamás en un equipo, será una megaestrella (le duela a quien le duela los hay en la NBA metiendo 32.7 por partido, con el mejor entrenador en el banquillo, y perdiendo partidos).
Y esto es difícil cuando ahora se valora por encima de todo las situaciones personales sobre las del equipo, y por eso debemos trabajar día a día, porque nosotros somos cuidadores de este deporte, y queremos hacerlo crecer.